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Tuesday 26 September 2017
 

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Cómo nos convertimos en un país gordo

 

7marzo17columCómo nos convertimos en un país gordo

El sobrepeso y la obesidad se consideran ya una pandemia debido a las millones de personas afectadas en todo el mundo; son generadoras de complicaciones como el síndrome metabólico, hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, insuficiencia renal, Gota, complicaciones ginecológicas en las mujeres, entre otras.

 

México, ocupa el primer lugar mundial en sobrepeso y obesidad infantil y el segundo en población adulta; de continuar así, en un futuro cercano estaremos viendo a las primeras generaciones de jóvenes con padecimientos como estos, que antes afectaban solamente a gente de mayor edad.

 

Para entender un poco más sobre cómo empezamos a convertirnos en un país “gordo” hay que recordar que a mitad de la década de los 80 fue cuando la obesidad se empezó a ‘disparar’, debido, entre otras causas, a los nuevos hábitos de alimentación y la inclusión de la comida rápida, “fast food”, en nuestra dieta. Esto incluye alimentos ricos en grasas y densamente energéticos, (ácidos grasos trans); consumo elevado de refrescos y jugos, (bebidas carbonatadas); porciones extra-grandes; consumo de alimentos preparados fuera de casa, etcétera.

 

Es decir, dejamos de consumir alimentos ricos en fibra y optamos por la comida con alto valor calórico y con pocos nutrientes.

 

Con este tipo de comida llegaron diversos establecimientos que rápidamente se fueron posicionando en el gusto de la gente, creando un nuevo estilo de consumo, que años más tarde nos colocaría como una población de obesos, 70 % de adultos en México.

 

El 35% de los y las adolescentes mexicanos entre los 12 y 19 años presentan obesidad o sobrepeso: 1 de cada 5 tiene obesidad, y 1 de cada 10 presenta sobrepeso.Además datos recientes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) de Medio Camino 2016 revelan que hay un aumento de mujeres con peso inadecuado en todos los rangos de edad.

 

Para tener una idea aproximada de qué tanto contribuyen estos alimentos en el aumento de nuestro peso corporal, platicamos con especialistas de la Academia Mexicana para el Estudio de la Obesidad (AMEO) y de la farmacéutica Medix que nos dan el siguiente ejemplo: los mexicanos consumimos, en promedio, 160 litros de refresco anualmente, al tomar 1 vaso de refresco al día (240 ml.), estaríamos aumentando unos 3 kilos por año.

 

La realidad es que la obesidad es una enfermedad crónica multifactorial que disminuye la esperanza de vida en un promedio de 7 años,  y si la persona obesa tiene además el hábito del tabaquismo, se reduce 14 años.

 

Es necesario que las personas con obesidad o sobrepeso acudan con un profesional de la salud para que reciban un buen diagnóstico y los tratamientos más adecuados, ya que cada caso es particular.

 

Cuando hay una subida de peso puede deberse a múltiples causas y éstas impactan en diferente grado. Por medio de estudios clínicos se determinará si la persona sólo tiene sobrepeso o cuál de los tres grados de obesidad presenta: obeso, obeso severo, obeso mórbido.

 

La obesidad está relacionada con los estados de ánimo, cuando tenemos mucha ansiedad, nuestro organismo genera una hormona que se llama Cortisol, la cual es la causante del estrés, cuando éste es demasiado entramos en una fase de depresión, misma que ocasiona una enorme apetencia por los carbohidratos. Es decir, apetito o antojo continuo por los alimentos que más engordan. Es por ello necesario conocer la personalidad de cada paciente, para ir más allá de “sólo” reducir de peso y tallas.

 

Un buen comienzo, explican los especialistas, es incluir alimentos ricos en fibra, principalmente de tipo soluble, frutas como la guayaba, pera, manzana, naranja o la papaya, la contienen; las leguminosas son muy buena opción ya que ayuda a las personas con sobrepeso y obesidad a saciarse en menos tiempo, retarda el vaciamiento gástrico y disminuye la sensación de apetito.

 

Los expertos también recomiendan consumir carnes magras y quitar todos los excesos de grasa visible antes de su consumo, así como la piel en el caso del pollo y la grasa flotante de los caldos.

 

En el caso de los alimentos enlatados como el atún, es más conveniente consumir el de agua y, en el caso del huevo,  comerlo sin la yema debido a que ésta contiene mucho colesterol.

 

También sugieren bajarle al consumo de carnes procesadas y embutidos como jamón, longaniza, chorizo, mortadela, salchicha, salami, etcétera, ya que tienen alto contenido de grasas saturadas y sodio. Es mejor optar por lácteos descremados; leche de vaca o soya y yogur bajos en grasa, queso panela, queso fresco, Ricota, cottage o canasto y requesón.

 

Asimismo nos alertan que al momento de preparar los alimentos no es necesario utilizar grandes cantidades de aceite, y que mejor optemos por  hornearlos, asarlos o hervirlos en vez de freírlos, capearlos o empanizarlos.

 

Otra buena idea  es preparar los frijoles y el arroz sin manteca, tocino u otros embutidos con alto contenido en grasa y preparar las ensaladas con vinagre, limón o aderezos bajos en grasa.

 

Es un hecho que con la ayuda de un especialista se puede lograr la reducción de peso. Pero hay que cerciorarse de no caer con charlatanes que ofrecen productos milagrosos que prometen bajar de peso en una semana sin ningún esfuerzo o cambio de hábitos saludables.

 

Es necesario tratar multidisciplinariamente el sobrepeso y la obesidad, así como abordarlo desde la perspectiva clínica, psicológica, social y personal.  Los expertos piensan que dejar fuera a uno de estos elementos o restarle importancia puede ser la diferencia entre un intento fallido o lograr una mejor calidad de vida con un efecto duradero.

 

Foto: zonacycling,com

 

gabyAcerca del autor

Gabriela Xochiteotzin Peña

 

Periodista y editora

 

Especializada en periodismo en salud por la Universidad Anáhuac y actualización de periodismo en salud por la Universidad Panamericana, respectivamente. Colaboradora en diversos medios de comunicación

 

Twitter@GabXochiteotzin